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Emprendimiento social: La necesidad de una definición

Autor/es de la nota:
Roger L. Martin y Sally Osberg

El emprendimiento social está atrayendo talento, dinero y atención de manera creciente, pero aunado a su incremento en popularidad, también hay menor certeza sobre qué es y qué hace exactamente un emprendedor social.

El incipiente campo del emprendimiento social está creciendo de forma rápida y atrayendo la atención de múltiples sectores. El término como tal aparece frecuentemente en los medios, hacen referencia a él funcionarios públicos, se ha hecho común en universidades y es parte de la estrategia de varias organizaciones importantes del sector social, como Ashoka y las fundaciones Schwab y Skoll.

Son muchas las razones detrás de la popularidad del emprendimiento social. En el nivel más básico, hay algo inherentemente interesante y atractivo acerca de los emprendedores y las historias de cómo y por qué hacen lo que hacen. Las personas sienten una atracción por los emprendedores sociales como Muhammad Yunus, ganador del Premio Nobel de la Paz el año pasado, por las mismas razones que encuentran tan interesantes a empresarios como Steve Jobs: estas personas extraordinarias conciben ideas brillantes y, contra todos los pronósticos, tienen éxito en la creación de nuevos productos o servicios que mejoran radicalmente la vida de las personas.

Pero el interés en el emprendimiento social trasciende el fenómeno de la popularidad y la fascinación por las personas. El emprendimiento social implica la necesidad de impulsar un cambio social, y es esta recompensa potencial, con sus beneficios duraderos y transformativos para la sociedad, lo que distingue el campo de trabajo y a sus especialistas.

Aunque los beneficios potenciales que ofrece el emprendimiento social son claros para muchos de quienes promueven y financian estas actividades, la definición de qué hacen los emprendedores sociales para crear estos beneficios, no es tan clara. De hecho, podemos afirmar que hoy en día la definición de emprendimiento social no es muy clara. Como resultado, el emprendimiento social se ha hecho tan inclusivo que este término general comprende todo tipo de actividades benéficas para la sociedad.

En ciertos aspectos, esta posibilidad de inclusión puede ser algo positivo. Si se está destinando una cantidad importante de recursos al sector social y si muchas problemáticas antes carentes del apoyo necesario ahora lo reciben por catalogarse como emprendimiento social, entonces puede bastar una definición tan amplia. Sin embargo, en nuestra opinión, esta aseveración tiene sus fallas y representa una postura insostenible.

El emprendimiento social es una idea atractiva porque tiene grandes posibilidades. Si estas posibilidades no se cumplen debido a que se incluyen en la definición demasiados esfuerzos no relacionados con el emprendimiento, entonces el término ganaría mala reputación y la esencia del verdadero emprendimiento social se perdería. A raíz de este riesgo, creemos importante establecer una definición del emprendimiento social mucho más precisa; una que permita determinar si alguna actividad se encuentra, o no, dentro del marco del emprendimiento social. Nuestra intención no es crear una comparación injusta entre las contribuciones hechas por organizaciones tradicionales de servicio social y los resultados del emprendimiento social, sino simplemente resaltar qué las diferencia.

Si podemos lograr una definición rigurosa, aquellos que apoyan el emprendimiento social se podrán concentrar en construir y fortalecer un campo concreto e identificable. Si falta esta disciplina, es posible que los proponentes del emprendimiento social corran el riesgo de darle a los escépticos un blanco en constante expansión al cual dispararle, y a los cínicos mayores razones para descartar la innovación social y a quienes la promueven.

Empecemos con el emprendimiento

Cualquier definición del término “emprendimiento social” debe empezar con el análisis de la palabra “emprendimiento.” La palabra “social” simplemente modifica al emprendimiento. Si el emprendimiento no tiene un significado claro, agregarle el término social no aportará mucho.

La palabra emprendimiento puede ser ambivalente. Por el lado positivo, indica una habilidad innata y especial para presentir y actuar cuando se presenta una oportunidad, y combinar el pensamiento innovador con la determinación de crear algo nuevo para el mundo. Por el lado negativo, el emprendimiento es un término ex post, ya que las actividades de emprendimiento requieren tiempo para evidenciar si causaron un impacto real.

Algo interesante es que no llamamos emprendedor a alguien que ha fallado miserablemente en su emprendimiento, incluso si muestra todas las características personales de este, en concreto, la habilidad para reconocer una oportunidad, el pensamiento innovador y la determinación. Cuando esto sucede, le llamamos un fracaso empresarial. Aun alguien como Bob Young, de la empresa Red Hat Software, fue llamado un “emprendedor en serie” solo después de que obtuvo su primer logro; es decir, todos sus fracasos anteriores se consideran el trabajo de un emprendedor en serie solo después del primer éxito. El problema que tienen las definiciones ex post es que tienden a definirse de forma incorrecta, pues es difícil de comprender lo que no ha sido comprobado. Definitivamente, un emprendedor puede referirse a sí mismo de esta forma, pero sin una idea exitosa será difícil convencer a posibles inversionistas de que apuesten en sus ideas. Esos inversionistas, a su vez, deben estar dispuestos a asumir mayores riesgos, mientras evalúan la credibilidad de los posibles emprendedores y el potencial impacto de los emprendimientos formativos.

Aun con estas consideraciones, creemos que comprender la palabra emprendimiento social primero requiere reflexión en torno a qué nos referimos por emprendimiento. ¿Significa estar pendiente de las oportunidades? ¿Ser creativo? ¿Ser determinado? Aunque estas y otras características del comportamiento son parte de la historia y dan pistas importantes a posibles inversionistas, no describen el panorama completo. Estas cualidades también se usan para hablar de inventores, artistas, ejecutivos y otros actores de la sociedad.

Al igual que muchos estudiosos del emprendimiento, comenzaremos con el economista francés Jean-Baptiste Say, quien en el siglo XIX describió la figura del emprendedor como alguien que “mueve recursos económicos de un área de productividad baja a una más alta y con mayor rendimiento”. Con esto expande la traducción literal del francés, el que se encarga de, para incluir el concepto de creación de valor1.

Un siglo después, el economista austriaco Joseph Schumpeter expandió el concepto a partir de esta idea de creación de valor, para proponer la que posiblemente es la idea más influyente sobre el emprendimiento. Schumpeter identificó en el emprendedor la fuerza necesaria para impulsar el progreso económico, característica que, de faltar, volvería a las economías estáticas, estructuralmente inmóviles y propensas a la decadencia. Schumpeter presenta el concepto de Unternehemer, el espíritu emprendedor, responsable de identificar una oportunidad comercial (ya sea un material, producto, servicio o negocio) y organizar un proyecto para implementarlo. El emprendimiento exitoso, afirma, desata una reacción en cadena, alentando a otros emprendedores a repetir el proceso y propagar la innovación hasta alcanzar una “destrucción creativa”, un estado en el que dicha innovación y todo lo relacionado a ella, hace que los productos, servicios y modelos de negocios existentes se vuelvan obsoletos2.

A pesar de caracterizarlos en términos heroicos, el análisis de Schumpeter establece el emprendimiento como parte de un sistema, adscribiendo al rol del emprendedor un impacto paradójico: disruptivo y generador al mismo tiempo. Schumpeter ve al emprendedor como un agente de cambio dentro de la economía. Por otra parte, Peter Drucker no ve a los emprendedores necesariamente como agentes de cambio, sino como astutos y comprometidos explotadores del cambio. Según Drucker, “el emprendedor siempre busca el cambio, responde a él y lo explota como una oportunidad”3, una premisa retomada por Israel Kirzner, que identifica el “estar alerta” como la habilidad más crítica del emprendedor4.

Sin importar si se caracteriza al emprendedor como un gran innovador o como un oportunista del cambio, los teóricos están de acuerdo en que el emprendimiento está asociado a la oportunidad. Se cree que los emprendedores tienen una habilidad excepcional para ver y aprovechar nuevas oportunidades, el compromiso y dinamismo para perseguirlas, y la voluntad incesante para lidiar con los riesgos consecuentes.

A partir de esta base teórica, creemos que el emprendimiento describe la combinación de un contexto donde se sitúa una oportunidad, una serie de características personales requeridas para identificar y perseguir dicha oportunidad, y la creación de un resultado particular.

Para explorar e ilustrar nuestra definición de emprendimiento, analizaremos detenidamente a algunos emprendedores estadounidenses contemporáneos (en pares, cuando corresponda): Steve Jobs y Steve Wozniak de Apple, Pierre Omidyar y Jeff Skoll de eBay, Ann y Mike Moore de Snugli y Fred Smith de FedEx.

Contexto emprendedor

El punto de partida del emprendimiento es lo que llamamos un contexto emprendedor. Para Steve Jobs y Steve Wozniak, el contexto emprendedor fue el de un sistema de cómputo donde los usuarios dependían de una red de computadoras controladas por un departamento centralizado de TI que protegía la red “con sus vidas”. Los usuarios podían realizar sus labores, pero tenían que esperar en fila, así como usar un software diseñado por el equipo de TI. Si los usuarios querían que un programa hiciera algo fuera de lo ordinario, debían de esperar seis meses a que se programara el software.

Desde la perspectiva del usuario, la experiencia era ineficiente y poco satisfactoria. Pero como el modelo centralizado era el único disponible, los usuarios lo aceptaban y adaptaban los retrasos e ineficiencias esperadas a su forma de trabajar, resultando en un equilibrio, aunque poco satisfactorio.

Los estudiosos de sistemas dinámicos describen este tipo de equilibrio como un “círculo de retroalimentación balanceada”, porque no hay una fuerza suficientemente grande para desbalancear el sistema. Esto es similar a como funciona un termostato en un aire acondicionado: cuando la temperatura ambiental sube, se enciende el aire acondicionado para bajarla; al disminuir la temperatura, el termostato se encarga de apagar el aire acondicionado.

El sistema de cómputo centralizado que los usuarios toleraban representa un tipo particular de equilibrio: uno insatisfactorio. Es como si el termostato estuviera configurado a una temperatura muy baja para que todos sintieran frío. Al conocer la temperatura estable y predecible, las personas simplemente vestirían con más suéteres, aunque tal vez preferirían no tener que usarlos.

Pierre Omidyar y Jeff Skoll identificaron un equilibrio poco satisfactorio al ver la incapacidad de mercados con segmentación geográfica para optimizar los intereses de compradores y vendedores. Los vendedores, generalmente, no sabían quiénes eran los mejores compradores y viceversa. Como resultado, el mercado no era óptimo para compradores ni vendedores. Por ejemplo, las personas que vendían artículos usados del hogar organizaban ventas de garaje para atraer a compradores cercanos, pero probablemente no eran ni la cantidad ni el tipo de consumidores óptimos. Las personas que intentaban comprar productos poco conocidos no tenían otra forma de encontrarlos más que a través del uso de directorios telefónicos, realizando llamadas constantes hasta encontrar lo que requerían y muchas veces aceptando un sustituto menos que ideal. Como los compradores y vendedores no podían pensar en una forma mejor, el equilibrio estable, pero deficiente, prevaleció.

Ann y Mike Moore notaron un equilibrio deficiente en la forma en que los padres de familia cargaban a sus hijos. Quienes buscaban mantener a los hijos cerca mientras realizaban actividades básicas tenían dos opciones: podían aprender a cargar a sus hijos en un brazo mientras realizaban las tareas del hogar o podían dejarlos en una carriola, moisés o cuna, y tenerlos cerca. Ninguna de las opciones parecía ideal. Todos saben que los recién nacidos se benefician del contacto físico directo con sus madres o padres, pero hasta aquellos más devotos y atentos no pueden cargarlos continuamente. Sin otra opción, los padres hacían malabares y aprendieron a trabajar con una mano, cambiando a su hijo de brazo en brazo o intentando terminar todas las tareas durante la hora de la siesta.

En el caso de Fred Smith, el equilibrio deficiente que observó fue en los servicios de paquetería de larga distancia. Antes de la creación de FedEx, enviar un paquete de un extremo a otro de los Estados Unidos no era algo sencillo. Los servicios locales de paquetería recogían los paquetes y los entregaban a un transportista común (aerolínea, camionera, empresas telefónicas, entre otras), que se encargaba de transportar el paquete y, al final, se le entregaba a otro servicio local (o a la misma empresa que lo recogió originalmente, si tenían presencia nacional) que estaba a cargo de la entrega final. Este sistema era muy complejo en el aspecto logístico, involucraba demasiados intercambios y el horario de entrega se veía afectado por las necesidades de los transportistas comunes. Con frecuencia algo salía mal y nadie se responsabilizaba en buscar una solución al problema. Los usuarios aprendieron a vivir con el servicio lento, poco fiable y deficiente; una situación desagradable, pero estable, ya que los usuarios no podían cambiarlo.

Características del emprendimiento

Al emprendedor le inspira este equilibrio deficiente, pues percibe una oportunidad para aportar una solución, producto, servicio o proceso nuevo. La razón por la que el emprendedor ve esta condición como una oportunidad de crear algo nuevo, mientras otros lo ven como una molestia que se debe tolerar, proviene de las características personales que él o ella aportan a la situación: inspiración, creatividad, acción directa, valor y fortaleza. Estas características son fundamentales para el proceso de innovación.

El emprendedor se inspira para alterar este desagradable equilibrio. Un emprendedor puede sentirse motivado a hacer esto porque es un consumidor frustrado o porque siente empatía hacia ellos. Algunas veces, los emprendedores se sienten tan atraídos a la oportunidad de cambiar algo, que poseen un deseo inmenso de destruir el estatus quo. En el caso de eBay, la persona frustrada era la novia de Omidyar, quien coleccionaba dispensadores de dulces PEZ.

El emprendedor piensa de forma creativa y desarrolla una nueva solución que cambia dramáticamente la ya existente. El emprendedor no intenta optimizar el sistema actual con pequeñas mejoras, sino que busca una forma completamente nueva de abordar el problema. Omidyar y Skoll no desarrollaron una mejor forma de promocionar las ventas de garaje. Jobs y Wozniak no desarrollaron algoritmos para acelerar el desarrollo personalizado de software. Smith no inventó una forma para hacer que las entregas entre paqueterías y transportistas fuera más eficiente y sin errores. Cada uno de ellos encontró una forma completamente nueva y creativa de resolver los problemas presentados.

Con la inspiración brindada por la oportunidad y al poseer una solución creativa, el emprendedor toma acción directa. En vez de esperar a que alguien intervenga o convencer a otra persona de resolver el problema, el emprendedor toma una acción directa para crear un producto o servicio nuevo y encuentra la forma para desarrollarlo. Jobs y Wozniak no intentaron cambiar el sistema de computadoras centrales ni intentaron convencer a los consumidores de que se manifestaran y retiraran a los del departamento de TI de sus puestos; lo que hicieron fue inventar una computadora personal que permitía a los usuarios liberarse del sistema central. Moore no publicó un libro en el que le decía a las madres cómo maximizar su tiempo; desarrolló el Snugli, un portabebés que puede ir de frente o en la espalda, y que permite a los padres cargar a sus bebés y mantener las manos libres. Claro está, los emprendedores sí deben de convencer a otros: en primer lugar, a inversionistas, aunque solo sean amigos y familiares; después, a miembros del equipo de trabajo y empleados, para que trabajen con ellos; y, finalmente, a los clientes, para convencerlos de comprar la idea o innovación. El punto es lograr diferenciar el compromiso del emprendedor en realizar una acción directa de otras que son indirectas y de apoyo.

Los emprendedores demuestran valor a lo largo de todo el proceso de innovación, soportando todo el peso del posible riesgo y enfrentándose de forma directa, y quizá constante, al fracaso. Esto requiere que los emprendedores se arriesguen y tomen decisiones que, para otros, podrían ser poco inteligentes o, incluso, imposibles. Por ejemplo, Smith tuvo que convencerse a sí mismo y al resto del mundo de que era sensato comprar una flotilla de jets y construir un aeropuerto gigante y un centro de distribución en Memphis para poder garantizar la entrega de un paquete al día siguiente sin pasarlo a manos de otra empresa. Hizo todo esto en un momento donde su competencia solo tenía flotillas de camiones para entregas locales: no eran dueños de aeropuertos ni mantenían los numerosos aviones.

Finalmente, el emprendedor posee la fortaleza para llevar exitosamente sus soluciones creativas al mercado para su adopción. Ninguna acción de emprendimiento se puede llevar a cabo sin pensar en los posibles atrasos o giros inesperados que se pueden dar, y el emprendedor necesita tener la habilidad para encontrar soluciones creativas a estas barreras y retos. Smith tuvo que encontrar una forma de inspirar a sus inversionistas la confianza de que FedEx, eventualmente, lograría alcanzar el nivel necesario para costear los gastos de infraestructura (camiones, aviones, aeropuerto y sistemas tecnológicos) del modelo que buscaba crear. FedEx tuvo que pasar por cientos de millones de dólares en pérdidas antes de que pudiera llegar a un punto económicamente estable, y de no haber tenido como líder a un emprendedor comprometido la empresa hubiera cerrado mucho antes de alcanzar ese punto.

Resultado emprendedor

¿Qué pasa cuando un emprendedor logra aplicar sus características personales a un equilibrio insatisfactorio? Se crea un sistema de equilibrio estable que provee un alto nivel de satisfacción para los participantes del sistema. De acuerdo con la idea original de Say, el emprendedor debe crear un cambio permanente en el equilibrio, de uno de baja calidad a uno de alta. El nuevo equilibrio es permanente porque primero sobrevive y después se estabiliza, aunque algunos aspectos del equilibrio original sigan presentes (por ejemplo, sistemas de paquetería caros y menos eficientes, ventas de garaje, entre otras). Su supervivencia y éxito van más allá del emprendedor y de su emprendimiento original. Es a través de la adopción masiva del producto, niveles significativos de imitación y la creación de un ecosistema alrededor y dentro del nuevo equilibrio, que logra estabilizarse y, después, subsistir.

Cuando Jobs y Wozniak crearon la computadora personal, no solo disminuyeron la dependencia de los usuarios a la red de computadoras, sino que la destruyeron completamente llevando a las personas a la era de la computadora de escritorio. Una vez que los usuarios pudieron apreciar el nuevo equilibrio, no solo aceptaron a Apple, sino también a los competidores que se unieron al campo. En poco tiempo, los fundadores de Apple habían creado un ecosistema completo, repleto de proveedores de software, hardware y accesorios; canales de distribución y puntos de reventa con valor agregado; revistas especializadas en computadoras personales; ferias tecnológicas y más.

A raíz de este nuevo ecosistema, Apple pudo haberse retirado del mercado después de algunos años, sin desestabilizarlo. El nuevo equilibrio, en otras palabras, no dependía de la creación de una empresa en específico, como fue Apple, sino en la apropiación y duplicación de su modelo, y de la creación de diversas empresas relacionadas. En términos de Schumpeter, el efecto combinado estableció con firmeza un nuevo orden computacional y volvió obsoleto el modelo anterior.

En el caso de Omidyar y Skoll, la creación de eBay logró una mejor conexión entre compradores y vendedores, creando así un mayor equilibrio. Nuevas formas de hacer negocios y la apertura de nuevas empresas llevaron a la creación de un ecosistema poderoso que no podía ser destruido. De modo similar, Smith creó una nueva forma para entregar paquetes que mejoró los estándares de eficiencia, cambió las prácticas empresariales, creó nuevos competidores y acuñó un verbo nuevo: “to FedEx” (en español: FedExear o el acto de enviar algo por FedEx).

En cada caso, la brecha entre la calidad del equilibrio anterior y el nuevo era inmensa. El nuevo equilibrio se convirtió rápidamente en algo sostenible y la actividad de emprendimiento original dio paso a múltiples imitadores. Estos resultados, tomados en conjunto, permitieron que todos los beneficiarios se encontraran en una mejor posición.

Transición al emprendimiento social

Si estos son los componentes claves del emprendimiento, ¿qué diferencia hay entre el emprendimiento social y su similar “con fines de lucro”? En primer lugar, creemos que la forma más útil e informativa de definir el emprendimiento social es establecer su congruencia con el emprendimiento, entendiendo que están cimentados por los mismos tres elementos. Cualquier otra definición es confusa y no ayuda mucho.

Para comprender qué distingue a los dos tipos de emprendedores, es importante descartar la percepción de que la única diferencia es la motivación, es decir, la idea de que los emprendedores lo hacen por el dinero y los emprendedores sociales por altruismo. La verdad es que los emprendedores rara vez se encuentran motivados por el prospecto de un beneficio financiero, porque las probabilidades de ganar mucho dinero no están a su favor. En cambio, los dos tipos de emprendedores se encuentran sumamente motivados por la oportunidad que identificaron, por cumplir con su visión de forma implacable y por la recompensa psicológica al ver sus ideas realizarse. Sin importar si operan con las reglas del mercado o en un contexto sin fines de lucro, la mayoría de los emprendedores no reciben una compensación verdadera por todo el tiempo, riesgo, desempeño y capital que invierten en su iniciativa.

Creemos que la diferencia crítica entre el emprendimiento y el emprendimiento social está basada en la propuesta de valor. Para el emprendedor, la propuesta de valor anticipa y se planea para un mercado que puede costear el producto o servicio nuevo y, en consecuencia, está diseñada para ser rentable. Desde un principio, la expectativa es que el emprendedor y sus inversionistas obtengan una ganancia económica personal. Esta rentabilidad es una condición esencial para la sostenibilidad del emprendimiento y representa el medio para lograr una adoptación a gran escala en el mercado y, finalmente, un nuevo equilibrio.

El emprendedor social, por otro lado, no anticipa ni se organiza para generar ganancias personales o para inversionistas (sean filantrópicos u organizaciones gubernamentales). En lugar de eso, el emprendedor social busca crear valor en un beneficio transformativo y a gran escala para la sociedad o un segmento de ella. A diferencia de la propuesta de valor del emprendedor, que se enfoca en un mercado que puede pagar la innovación y, como resultado, puede crear ganancias para los inversionistas, la propuesta del emprendedor social se enfoca en las comunidades marginadas, descuidadas y en gran desventaja, que no tienen acceso a los medios económicos o políticos para lograr un cambio por su cuenta. Esto no significa que los emprendedores sociales ignoren las propuestas para generar una ganancia. Las iniciativas creadas por emprendedores sociales pueden generar ganancias y pueden organizarse como si fueran con o sin fines de lucro. Lo que distingue a la innovación social es la búsqueda primordial de un beneficio social, o lo que Greg Dees, profesor de la Universidad de Duke, define en su texto fundamental como la búsqueda de “un impacto relacionado a la misión”5.

Definimos el emprendimiento social a partir de los siguientes tres componentes: (1) la identificación de un equilibrio injusto pero estable que ocasiona exclusión, marginación o el sufrimiento de una sección de la sociedad que no tiene los medios financieros o el poder político para lograr un beneficio para y por sí misma; (2) la identificación de una oportunidad dentro de este equilibrio injusto, desarrollando una propuesta de valor social aplicando características personales, tales como inspiración, creatividad, la acción directa, valor y fortaleza, para así retar la hegemonía de la estabilidad; y (3) la creación de un equilibrio nuevo y estable que libere el potencial de la comunidad o que mejore las condiciones de esta, y que a través de la imitación de otros y la creación de un ecosistema estable alrededor del nuevo equilibrio se asegure un futuro mejor para el grupo seleccionado e incluso la sociedad completa.

Muhammad Yunus, fundador del Banco Grameen y padre de los microcréditos, es un ejemplo clásico del emprendimiento social. El equilibrio estable, pero desafortunado, que identificó se relacionaba con las opciones crediticias limitadas que tenían las personas de Bangladesh. Al ser incapaces de adquirir un préstamo a través del sistema bancario tradicional, debían de aceptar préstamos con altas tasas de interés de prestamistas locales. Por eso, lo más común para conseguir dinero era mendigar. Este es uno de los peores equilibrios estables, ya que perpetuaba y exacerbaba la pobreza endémica de Bangladesh y la miseria que esta conlleva.

Yunus confrontó al sistema probando que los pobres representaban un riesgo crediticio bajo. Prestó la ahora famosa cantidad de $27 dólares a 42 mujeres de la aldea de Jobra y todas ellas pagaron el préstamo. Yunus se dio cuenta de que, aun con pequeñas cantidades, las mujeres buscaron invertir en formas para generar ingresos. Con una máquina de coser, por ejemplo, podían arreglar ropa de otras personas y así recibir suficientes ingresos para pagar sus préstamos, comprar comida, educar a sus hijos y poder salir de la pobreza. El Banco Grameen se mantuvo a flote cobrando los intereses de los préstamos y reutilizando el capital para ayudar a otras mujeres. Yunus utilizó la inspiración, creatividad, acción directa, valor y fortaleza para que su emprendimiento funcionara. A lo largo de dos décadas, además, ha generado una red global de organizaciones que han replicado o adaptado el modelo en otros países y culturas, estableciendo de manera sólida la idea del microcrédito como una industria global.

El conocido actor, director y productor Robert Redford es un ejemplo menos familiar, pero también ilustrativo, de un emprendedor social. A inicio de los años ochenta, Redford tomó un descanso de su exitosa carrera para enfocarse en recuperar el lugar de los artistas en la industria del cine. Redford estaba atrapado entre dos fuerzas. Por una parte, identificó un ambiente inherentemente opresivo, pero estable, en la forma de hacer películas en Hollywood. El modelo de negocios estaba cada vez más orientado a generar dinero con producciones llamativas y éxitos de taquilla increíblemente violentos, además de un sistema dominado por las casas productoras que centralizaban la forma en que las películas eran financiadas, producidas y distribuidas. Al mismo tiempo, Redford se dio cuenta de que se estaba creando nueva tecnología, por ejemplo, equipo de grabación y edición mucho más barato, que permitía a los cineastas tener más control sobre su trabajo. Identificando la oportunidad, Redford decidió encontrar la forma de alentar a esta nueva generación de artistas. En primer lugar, creó el Instituto Sundance para retirar el elemento monetario de las películas y darles a los cineastas jóvenes un espacio y el apoyo para desarrollar sus ideas. Después, creó el Festival de Cine Sundance para exhibir el trabajo de cineastas independientes. Desde el principio, la propuesta de valor de Redford se concentró en los cineastas independientes, quienes tenían el talento necesario para triunfar en la industria, pero que estaban limitados por el yugo de las casas productoras de Hollywood.

Redford estructuró el Instituto Sundance como una empresa sin fines de lucro y aprovechó sus conexiones con directores, actores, escritores y otros miembros del proceso de producción para invitarlos a fungir como mentores voluntarios de cineastas noveles. El precio de acceso al  Festival de Sundance se pensó para hacerlo accesible a cualquier persona. Después de 25 años, el Festival Sundance es reconocido por iniciar el movimiento del cine independiente, que provee los medios a cineastas “indie” para producir y distribuir sus proyectos. También, asegura que los cinéfilos tengan acceso a una gran variedad de opciones, desde documentales que suscitan la reflexión hasta cine vanguardista internacional o películas animadas. Un nuevo equilibrio que incluso hace diez años parecía frágil, hoy en día está consolidado.

Victoria Hale es un ejemplo de una emprendedora social cuya iniciativa se encuentra en las primeras fases y, a la cual, podemos aplicar nuestros criterios ex ante. Hale es una científica farmacéutica que se encontraba increíblemente frustrada con las fuerzas de mercado que dominan su industria. Si bien las grandes empresas farmacéuticas tenían las patentes para desarrollar medicamentos capaces de curar un sinfín de infecciones, no se habían desarrollado por una simple razón: las comunidades que más los necesitaban no podían pagarlas. Impulsados por las exigencias de los accionistas de generar ganancias, la industria farmacéutica se concentraba en crear y comercializar medicamentos para las enfermedades que afectaban a las personas que vivían en mercados desarrollados o, básicamente, las personas que pudieran pagarlos.

Hale decidió retar este equilibrio estable, el cual percibía como injusto e intolerable. Así, creó el Instituto OneWorld Health, la primera empresa sin fines de lucro en el campo de los farmacéuticos, cuya misión es distribuir, en países en vías de desarrollo, medicamentos destinados a la cura de enfermedades infecciosas a las personas que más lo necesitan, sin importar su habilidad para pagarlos. La iniciativa de Hale ha progresado mucho desde su inicio. Su primer medicamento, paromomicina, ya fue desarrollado, probado y recibió la aprobación regulatoria por parte del gobierno de India. La paromomicina provee a las personas una cura costeable para la leishmaniasis visceral, enfermedad que cobra la vida de más de 200,000 personas al año.

Es muy pronto para determinar si la iniciativa de Hale logrará crear un nuevo equilibrio que asegurará un trato equitativo de las enfermedades que afectan a las personas pobres, pero claramente cumple con las características de un emprendimiento social. En primer lugar, Hale ha identificado un equilibrio estable pero injusto dentro de la industria farmacéutica. En segundo lugar, ha visto y aprovechado la posibilidad de intervenir y ha aplicado su inspiración, creatividad, acción directa y valor para emprender una iniciativa que dará opciones a la población en desventaja; en tercer lugar, con un éxito temprano, Hale está demostrando fortaleza al probar el potencial de su modelo.

Solo el tiempo dirá si la innovación de Hale inspirará a otros a intentar reproducirla o si el Instituto de OneWorld Health obtendrá por su cuenta la influencia necesaria para lograr el equilibrio permanente. Pero el futuro se ve prometedor. Con una perspectiva a diez años o más, sus inversionistas (entre ellos la Fundación Skoll) pueden imaginar que el Instituto OneWorld Health de Hale creará un nuevo paradigma farmacéutico que tenga los mismos beneficios sociales observados en las industrias del microcrédito y de las películas independientes.

Límites del emprendimiento social

Al definir el emprendimiento social es importante establecer cuáles serán los límites y ofrecer ejemplos de actividades con mucho mérito, pero que no entran dentro de nuestra definición. Si no se identifican estos límites, podría dejar el término de emprendimiento social demasiado amplio y sin sentido alguno.

Hay dos formas principales de realizar una actividad socialmente valiosa que consideramos necesario diferenciar del emprendimiento social. El primer tipo de actividad social es la provisión de un servicio social. En esta situación, un individuo valiente y comprometido identifica una situación de equilibrio desafortunado pero estable, como puede ser el caso de huérfanos por SIDA en África, y diseña un programa social para resolver el problema, por ejemplo, la creación de una escuela donde podrán ser atendidos y educados. Esta escuela serviría su propósito con los niños y, tal vez, hasta los ayudaría a salir de la pobreza y transformar sus vidas. Pero, a no ser que sea diseñada a gran escala o que sea tan fascinante que múltiples imitadores busquen replicar la idea, es muy probable que no conduzca a un equilibrio superior nuevo.

Este tipo de iniciativas de servicio social nunca avanzan de su campo limitado: su impacto permanece reducido, su área de servicio se mantiene limitada a la población local y su alcance está determinado por los recursos que pueda recopilar. Estas iniciativas tienden a ser vulnerables, lo que puede significar una interrupción o suspensión del servicio que buscan dar a la población. Existen millones de estas organizaciones en todo el mundo; tienen buenas y nobles intenciones, y con frecuencia son ejemplares en su operación, pero no se les debe confundir con emprendimiento social.

Sería posible reformular como emprendimiento social la idea de una escuela para niños que quedan huérfanos por el SIDA, pero requeriría un plan para generar una red de escuelas similares y el aseguramiento de los recursos para mantenerlas. El resultado sería un nuevo equilibrio estable en el que, si llegara a cerrar una escuela, existiría un sistema en pie con el cual los niños podrían seguir recibiendo su educación sin interrupción.

La diferencia entre estas iniciativas (las de emprendimiento social y las de servicio social) no se encuentra en los contextos iniciales del emprendimiento ni en las características personales de sus fundadores, sino en los resultados. Imaginemos que Andrew Carnegie solo hubiera construido una biblioteca, en vez de pensar en el sistema de bibliotecas públicas que hoy da servicio a millones de ciudadanos estadounidenses. La biblioteca que fundó hubiera beneficiado a una comunidad en específico, pero fue la visión de crear un sistema diseñado para asegurar el acceso a la información y conocimiento de toda una nación, lo que llevó a un equilibrio nuevo y permanente y que, además, definió la reputación de este hombre como un emprendedor social.

La segunda categoría de actividad social es la del activismo social. En este caso, el motivador de la actividad es el mismo: un equilibrio desafortunado y estable. Quien propone la acción sigue teniendo las características base, es decir, inspiración, creatividad, valor y fortaleza. Lo diferente es la naturaleza de quien propone la acción y el estilo para abordar el tema. En vez de actuar directamente, como haría un emprendedor social, el activista social intenta cambiar la situación a través de acciones indirectas para incitar la acción de otros: gobiernos, ONG, consumidores, trabajadores, entre otros. Los activistas sociales no necesariamente crean algún tipo de iniciativa u organización para lograr su cometido. Un activismo exitoso puede llevar a mejoras importantes en sistemas existentes e incluso resultar en un nuevo equilibrio, sin embargo, la naturaleza estratégica de su acción se distingue por el énfasis en la influencia y no en la acción directa.

Entonces, ¿por qué no llamamos a estos sujetos emprendedores sociales? No sería una tragedia hacerlo, pero estas personas ya tienen un nombre basado en la tradición heredada de Mahatma Gandhi, Martin Luther King y Vaclav Havel, que son los activistas sociales por antonomasia. Llamarlos de otra forma, por ejemplo, emprendedores sociales, causaría confusión entre el público en general, que ya sabe lo que es un activista social, y perjudicaría la causa de activistas sociales y emprendedores sociales por igual.

Zonas grises

Una vez creada una definición de emprendimiento social y tras haber remarcado la diferencia entre el activismo social y el dar un servicio social, se debe reconocer que, en la práctica, muchos actores sociales incorporan estrategias asociadas con formas puras o modelos híbridos. Las tres definiciones en su forma pura se pueden observar en el diagrama que se encuentra a la derecha.

En su forma pura, el emprendedor social exitoso toma una acción directa y genera un equilibrio sostenido y nuevo; el activista social influencia a otros para generar un equilibrio nuevo y sostenido; el proveedor de servicio social realiza una acción directa para mejorar los resultados del equilibrio actual.

Es importante distinguir entre los tres tipos de iniciativas sociales cuando se encuentran en su forma pura, aunque en el mundo real tiende a haber más modelos híbridos que puros. Se puede argumentar que Yunus, por ejemplo, usó el activismo social para acelerar y amplificar el impacto del Banco Grameen, ejemplo clásico de emprendimiento social. Al usar un híbrido secuencial, es decir, emprendimiento social seguido de activismo social, Yunus logró convertir los microcréditos en una fuerza global en favor del cambio.

Otras organizaciones son consideradas híbridas pues utilizan al mismo tiempo el emprendimiento social y el activismo social; las organizaciones que establecen estándares o realizan certificaciones son ejemplos de este tipo. Aunque las acciones de una organización de estándares no generan un cambio social como tal, pues, finalmente, son aquellos a los que se anima u obliga a cumplir con los estándares quienes realizan las acciones y producen el cambio social real, estas organizaciones pueden demostrar emprendimiento social al crear un enfoque atractivo para definir estándares y al publicitar dichos estándares a los reguladores y participantes en el mercado. Un ejemplo de esto es la búsqueda de certificaciones de comercio justo, como son los casos de Cafédirect en el Reino Unido y TransFair USA en Estados Unidos, que buscan crear espacio para que el café y otras mercancías se puedan vender a un buen precio que garantice la remuneración equitativa para los productores a pequeña escala.

La campaña RugMark diseñada por Kailash Satyarthi es un ejemplo notable de un modelo híbrido. Satyarthi reconoció las limitaciones inherentes de sus intentos por eliminar la esclavitud infantil dentro de la industria de tejido de alfombras, por lo que se enfocó en la industria como tal. Al crear la certificación RugMark y la campaña de publicidad diseñada para educar a los consumidores sobre cómo, inconscientemente, perpetúan un modelo de equilibrio injusto, Satyarthi logró juntar la provisión de servicios junto con la estrategia indirecta de un activista. Al comprar una alfombra que tiene el sello de RugMark, el cliente sabe que la alfombra se hizo en condiciones justas de trabajo y sin abuso infantil. Su idea central consistió en educar a suficientes compradores para así transformar a toda la industria del tejido.

La creación de RugMark por Satyarthi, se encuentra en un punto medio entre el activismo y el emprendimiento: el certificado RugMark representa una solución creativa que requería de acción directa, pero es una solución diseñada para educar e influenciar a otros, con el propósito final de establecer y asegurar, de una forma nueva y más satisfactoria, un equilibrio en el mercado del tejido de alfombras.

El dar un servicio social combinado con el activismo social a un nivel más táctico puede producir un desenlace similar al del emprendimiento social. Imaginemos, por ejemplo, a un proveedor de servicio social que está a cargo de una escuela orientada a atender a personas de un grupo desfavorecido y que logra tener buenos resultados para un grupo de estudiantes. Si la organización utiliza dichos resultados para crear un movimiento social con la finalidad de obtener apoyo del gobierno para que se impulsen programas similares, entonces el proveedor de servicio social habrá producido un cambio en el equilibrio y tendrá el mismo efecto que un emprendedor social.

La Corporación Manchester Bidwell de Bill Strickland, un programa de renombre en Estados Unidos enfocado a la creación de empleos y al desarrollo del arte en zonas urbanas marginadas, ha creado el Centro Nacional para las Artes y Tecnología para replicar en otras ciudades su modelo establecido en Pittsburgh. Strickland es el líder de una campaña de apoyo para que el gobierno ayude a escalar este modelo a nivel nacional. Hasta ahora, cuatro centros nuevos se han abierto en Estados Unidos y se esperan más en el futuro. Con un sistema sostenible de centros en ciudades a lo largo del país, Strickland tendrá éxito en establecer un nuevo equilibrio. Es gracias a esta campaña que Strickland ha logrado conseguir inversiones de distintas empresas, incluyendo la Fundación Skoll.

¿Por qué es necesario resaltar las diferencias entre los modelos puros y los híbridos? Porque con estas definiciones estamos capacitados para distinguir los diferentes tipos de actividades sociales. Al comprender los medios utilizados por estos esfuerzos para producir un beneficio social y la naturaleza del mismo, se ayudará a que los partidarios del proyecto, como la Fundación Skoll, puedan predecir la sostenibilidad y dimensión de dichos beneficios, anticipar cómo se tendría que adaptar una organización a lo largo del tiempo y a realizar una proyección más razonada sobre el potencial de la iniciativa.

¿Por qué nos debe importar?

A pesar de ser ignorado por los economistas, ya que gravitaban a modelos enfocados al mercado y a los precios, el emprendimiento ha experimentado un renacimiento en los últimos años. Basado en los fundamentos de Schumpeter, William Baumol y muchos otros académicos han intentado regresar al emprendedor al lugar que merece dentro de la teoría de “producción y distribución” de un bien, demostrando el papel fundamental del emprendimiento en el proceso6. Según Carl Schramm, Director ejecutivo de la Fundación Ewing Marion Kauffman, los emprendedores son el ingrediente esencial del sistema de empresas y son absolutamente indispensables para las economías de mercado, “a pesar de ser ignorados o explícitamente borrados del drama económico actual”7.

Nos preocupa la posibilidad de que el emprendimiento social también sea ignorado por pensadores importantes y que el uso indiscriminado del término debilite su potencial importancia para los que buscan comprender cómo cambian y progresan las sociedades. El emprendimiento social, creemos, es tan vital para el progreso de la sociedad como lo es el emprendimiento para el de la economía, y amerita una atención más seria y rigurosa que la que ha obtenido hasta ahora.

Como se puede observar, hay mucho que aprender y comprender con relación al emprendimiento social, incluyendo por qué su estudio puede no ser tomado en serio. Nuestra perspectiva es que una definición clara del emprendimiento social ayudará a su desarrollo. El emprendedor social debe ser percibido como alguien que se enfoca en un equilibrio estable pero desafortunado, mismo que conlleva la negligencia, marginación o el sufrimiento de un sector de la sociedad. También como alguien que busca enfocar su inspiración, acción directa, creatividad, valor y fortaleza a una iniciativa; y que busca crear un equilibrio nuevo y estable que traerá beneficios permanentes para el grupo objetivo y a la sociedad en general.

Esta definición ayuda a distinguir el emprendimiento social del servicio social y el activismo social. Desde nuestra perspectiva, hablar de que los proveedores de servicio social, activistas sociales y emprendedores sociales adaptan las estrategias de los otros y, en ocasiones, desarrollarán modelos híbridos, es menos confuso y más respetuoso que el uso indiscriminado de los términos. Nuestra intención es que la categorización propuesta ayude a aclarar el valor distintivo de cada una de estas actividades y ayude en la comprensión y toma de decisiones de aquellos comprometidos con crear un cambio social positivo.

A los autores les gustaría agradecer a sus colegas de la Fundación Skoll, Richard Fahey, director de operaciones, y a Ruth Norris, ejecutiva superior de programas, quienes leyeron borradores previos de este ensayo y contribuyeron con ideas importantes para su desarrollo.

Notas

1 Jean Baptiste Say, citado en “The Meaning of ‘Social Entrepreneurship,’” de J. Gregory Dees, 30 de mayo del 2001.

2 Joseph A. Schumpeter, Capitalism, Socialism, and Democracy (Nueva York: Harper, 1975): 82-85.

3 Peter F. Drucker, Innovation & Entrepreneurship (Nueva York: Harper Business, 1995): 28.

4 Israel Kirzner, citado en “Return of the Invisible Men: The Microeconomic Value Theory of Inventors and Entrepreneurs,” de William J. Baumol.

5 Dees, 2.

6 Baumol, 1.

7 Carl J. Schramm, “Entrepreneurial Capitalism and the End of Bureaucracy: Reforming the Mutual Dialog of Risk Aversion,” 2.